Entrevista a Gilda Roa, del Movimiento Agrario Popular de Paraguay

“La soja antes era para animales; ahora también alimentamos coches”

Por Mariana Cantero

El Movimiento Agrario Popular (MAP) nació en 2003 en tierras paraguayas frente a la expansión del modelo de monocultivo de la soja transgénica. Gilda Roa, una de sus líderes más destacadas, visita estos días Europa después de participar en el Congreso Mundial sobre el futuro de la alimentación y la agricultura de la ONU en Bonn. Tribuna Latina dialogó con ella.

¿Cómo se organizó el MAP y porqué?
El MAP se organiza para defender a las comunidades campesinas, sus territorios y soberanía alimentaria. Nuestro objetivo es educar y formar a las comunidades campesinas indígenas, porque con el sistema que se da en Paraguay el campesino no conoce sus propios derechos, para él es normal vivir como lo hace, en condiciones inhumanas, porque así lo ha hecho toda la vida. Entonces intentamos que entienda que tiene que defender sus derechos ante el sistema. También tratamos de recuperar las tierras que han sido tomadas de forma irregular por los empresarios y producir alimentos para el autoconsumo, para encontrar una estrategia de resistencia ante las presiones del modelo. Además, creamos una cooperativa para tejer un mercado seguro para los campesinos.

¿Cuál es la situación actual del campesinado en Paraguay?
Actualmente estamos frente a un panorama que implica la expansión del cultivo de la soja, que arrasa debido al plan para producir agrocombustibles. Nuestro desafío es muy grande a nivel campesinado, porque entendemos que se van a necesitar todavía más hectáreas para su expansión. Esto implica que debemos defender nuestro territorio y comunidad frente a este modelo. Los recursos naturales que nos quedan y nuestro modo de producción y forma de vida comunitaria como campesinos están amenazados. El cultivo de la soja en Paraguay entra desde el año 2000 de forma intensa, con 250 mil hectáreas de cultivo nuevo al año. Eso representa la expulsión de 90 mil familias de sus tierras. El plan que implementa la corporación de multinacionales para generar agrocombustibles necesita cada vez más espacio para extenderse. La utilización de agrotóxicos también crece con esas hectáreas, de forma tal que prevemos que se duplicarán las consecuencias a largo plazo. La soja que se planta primeramente era para forraje de animales, se les daba de comer a los cerdos y las vacas de Europa. Ahora también alimentamos coches. Eso traerá graves consecuencias allá, en el campo, para la población y el medioambiente.

¿Como ha afectado el cultivo de soja transgénica a la agricultura tradicional en estos territorios?
Actualmente en Paraguay aproximadamente un 95% de la soja cultivada es transgénica. Este tipo de soja al germinar contamina la producción alimentaria de los pequeños campesinos que tienen sus campos alrededor. También destruye todos sus cultivos porque con la fumigación genera contaminación y arrasa el resto de plantaciones y perjudica al ganado de sus vecinos.

¿Quién fomenta el cultivo de soja transgénica?
En Paraguay hay cuatro o cinco empresas grandes, como Monsanto y Cargill, que están detrás de estos cultivos. También hay extranjeros, que son los que principalmente se meten en este cultivo de soja. Hay pocos paraguayos que planten soja transgénica: la mayoría son brasileños que están usando suelo paraguayo para cultivar su soja.

¿Influye en esta situación el sistema de reparto de la tierra?
En Paraguay hay latifundios, no se hizo en ningún momento una reforma agraria integral. El campesino que hoy tiene tierra es gracias a su lucha y resistencia. Desde el Estado no hubo una política pública para el campesino, sino que se ha facilitado con este modelo la expulsión del campesino de sus tierras. Con el empresario con la plata en la mano, el campesino se ve acosado para vender su tierra aunque muchas veces no posee un título de propiedad, ya que el Estado nunca los ha dado. Entonces es un camino que se prepara para que el campesino se despoje de sus tierras fácilmente ante las necesidades básicas que puede sufrir, que son muchas porque no tiene acceso a crédito, a herramientas agrícolas, no hay carreteras ni se establece un precio base y estable para su producción. No hay infraestructuras, entonces la gente se encuentra apretada y con el empresario con el dinero en la mano esperando que venda su tierra.

Esto ha implicado un éxodo a la ciudad...
Sí, anteriormente un 60% de la población vivía en el campo. Ahora el 60% de la población está en las ciudades. Estos éxodos forman el cinturón de la pobreza en las grandes ciudades y esa gente termina alimentándose de la basura.

¿Con la victoria de Lugo después de 60 años tienen alguna esperanza de cambio?
De parte del campesinado le tenemos mucha esperanza, hay una expectativa muy grande. Pero también entendemos que después de las elecciones hay otra coyuntura que nosotros estábamos esperando, porque solamente tenemos un cambio en el poder ejecutivo, pero el legislativo todavía esta en manos de los conservadores que han impulsado siempre este modelo agroexportador que entendemos que van a seguir defendiendo. Frente a esta coyuntura estamos organizando un frente político-social con distintas organizaciones sociales y sindicales, para balancear un poco a las diferentes fuerzas que hay. Lugo asume el 15 de agosto y estamos trabajando en equipo para poner la contraparte a los conservadores.